Montaña en Benlloch. Lara Almarcegui: una indisciplina geográfica

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65 Muntanya Benlloch Lara Almarcegui

 

Montaña en Benlloch: una indisciplina geográfica
Ángela Molina

En la antología de cuentos titulada Museo, Jorge Luis Borges cita el texto de Suárez Miranda, Viajes de varones prudentes (1658), donde se relata el hecho insólito de la existencia de una sociedad que crea el mapa de su país del mismo tamaño que el país, una cartografía precisa que define la naturaleza pública de una obra destinada a un emplazamiento específico y su animadversión esencial hacia el museo. La utopía de aquella sociedad imaginaria está ligada a la perfección, pero a una perfección insólita y mutable, que tiene que ver con las leyes de la naturaleza, de cualquier ser vivo, cisne o águila, o de un elemento inerte depositado en aquel microcosmos, algo capaz de habitar en la vida, en el instante y en el presente. Pero ¡ay! —escribe Suárez Miranda— «las Generaciones Siguientes entendieron que ese dilatado Mapa era inútil y, no sin Impiedad, lo entregaron a las Inclemencias del Sol y de los Inviernos. En los desiertos del Oeste —prosigue el cronista— perduran despedazadas Ruinas del Mapa, habitadas por Animales y Mendigos; en todo el País no hay otra reliquia de las Disciplinas Geográficas».1



En efecto, la idea del gran árbol de la humanidad imaginado por Herder como un ente armonioso lleno de plenitud es sólo una exigencia antropológica, ajena al caos insensato de los acontecimientos naturales. En 1966, Robert Smithson publicóEntropy and the New Monuments, un texto en el que lleva al arte al terreno de la termodinámica, en concreto a su segundo principio, el que predice «la inevitable extinción de la energía en cualquier sistema dado, la disolución de cualquier organización en el desorden y la indiferenciación», para después afirmar «la inexorable e irreversible implosión de cualquier tipo de orden jerárquico en una uniformidad terminal». Son las Ruinas del Mapa, los rastros que dejan cisnes y águilas, los de las reliquias a las que se refiere Borges cuando en su Museo señala los inútiles rigores de la ciencia. El ejemplo que da Smithson para ilustrar este principio es parecido al que proponen los científicos: «Imaginemos un cajón de arena dividido en dos mitades, con arena negra en una y con arena blanca en otra. Hagamos que un niño corra por ella cientos de veces en el sentido de las agujas del reloj hasta que la arena se mezcle y empiece a volverse gris. Si, a continuación, el niño corre en sentido contrario a las agujas del reloj, el resultado obtenido no será la restauración de la división original, sino un mayor grado de grisura y un incremento de la entropía».2

La entropía le sirvió a Smithson como regla totalizadora para entender no sólo las leyes de la naturaleza sino también como lectura antidogmática de corrientes artísticas precedentes, como la del expresionismo abstracto. En 1969 concibió la obra Asphalt Rundown, su primer flow (acción fluyente), auspiciada por la Galería L'Attico, en una cantera de grava casi abandonada en las afueras de Roma. Un camión de volquete vertió sobre una colina una gran cantidad de asfalto líquido; a medida que el aglomerante se deslizaba por el terraplén llegaba a un punto en el que se coagulaba y dejaba de fluir.

La earthwork de Smithson —una action painting en toda regla que acabó transformada en un antimonumento— ilustraba a la perfección no sólo la naturaleza de la entropía sino también el «tiempo como decadencia», en una lectura del goteo de Jackson Pollock que, en lugar de verter pintura sobre una tela, ésta se monumentaliza en un fluido lento. Este carácter entrópico aparece también en su Spiral Jetty, realizada en 1970 en el Rozel Point del Gran Lago Salado de Utah; o en el corte de dos enormes hendiduras de doce metros de profundidad y trescientos de longitud practicado por Michael Heizer, un año antes, en el desierto de Mojave (Nevada), para formar su Double Negative.

La misma idea de excentricidad, de invasión de un mundo en el espacio concluso de la forma, se instala en la obra de Lara Almarcegui Montaña para Benlloch: tierra de las obras del gaseoducto (2012). Principalmente, la earthwork de Almarcegui lleva a su término la transformación de la escultura (que pasa de un ideal monumentalizado y estático a un objeto o masa en movimiento temporal y material), creando una imagen a partir de nuestras reacciones psicológicas frente a un horizonte cambiante hecho de una sucesión de instantes. Frente a esta pequeña montaña nos sentimos más cercanos —tanto como el artista en el acto creativo—, más humildes (del lat. humilitas, humus, tierra). Buscamos un diálogo, una reciprocidad en el acto de experimentar el presente fluido, un azar.

Para construir su montaña, Lara Almarcegui reutilizó el material bruto de la naturaleza, la tierra sobrante de las excavaciones hechas para construir un gaseoducto de 6 kms. que transcurre paralelo a la carretera VC10 en una franja de terreno de 26 metros de ancho en el término municipal de Benlloch, en unos campos dedicados en su mayor parte al cultivo de cereal, viñedos, almendros y olivares. El volumen de la obra es el mismo que el del material que ha quedado tras las excavaciones, 150 m3 de tierra del subsuelo, y está compuesto de arcillas arenosas, limos y piedra caliza, que es el tipo de material de construcción habitual de la zona.

En este acto de descentramiento, el observador se proyecta en el espacio de una escultura que con el tiempo se transforma, cubriéndose de vegetación y suavizando su forma a medida que el otero se va mezclando con el terreno sobre el que se asienta, desapareciendo finalmente por su propia dinámica entrópica. El cuerpo del espectador, o la experiencia de los cuerpos de los pobladores de este municipio castellonense, es el tema de esta obra expandida, aun cuando esta escultura se compone simplemente de varios cientos de kilos de tierra. Finalmente, se trata de entender y sentir cómo afecta a una comunidad el paso de las grandes infraestructuras, cómo una población se relaciona con los detritos de su pasado y cómo afronta su porvenir.

Montaña para Benlloch: tierra de las obras del gaseoducto es también una alternativa a la imagen estática que nos proporciona la postal de un enclave determinado. Sólo mirando lo que estaba oculto bajo nuestros pies podemos formarnos una imagen del espacio que habitamos y de la que extraemos una imagen diferente de nosotros mismos. El subsuelo, con toda su historia y prehistoria, se incorpora al nuevo formato escultórico, invade nuestras vidas con un sentido y motivo nuevos. Una suave loma reverbera creando un nuevo horizonte, una geografía latente se expande frente a nuestros cuerpos con indisciplinada demora y hace que la vida parezca eterna, por muy fugaz que pueda ser el gesto del gran escultor colectivo, el tiempo.

1 BORGES, Jorge Luis: Obras completas 1923-1972, Buenos Aires: Emecé Editores, 1974.
2 SMITHSON, Robert: The Collected Writings, Berkeley: University of California Press, 1996.

 

Sincronies. Proyectos de intervención artística contemporánea es un nuevo proyecto de arte público concebido y producido por el Espai d’art contemporani de Castelló y la Universitat Jaume I, para el territorio de la Provincia de Castellón y que tienen como objetivo producir una constelación de arte permanente y temporal en su geografía.

Nuestra intención parte de la idea de potenciar la aproximación al arte contemporáneo en localidades de la Provincia de Castellón que por distintas razones se ven siempre desplazadas de tal posibilidad. Todo ello a través de la creación de relaciones entre la vecindad, las instituciones participantes, el artista y el paisaje que los acoge. De esta manera, el EACC y la UJI, aúnan esfuerzos para crear un espacio de gestión de estos proyectos de carácter permanente o temporal en la provincia que formarán parte de una colección para la misma.

Para ello el proyecto requiere de una naturaleza plural y evidentemente experimental, no acotado a la creación de una pieza específica sino abierto a las posibilidades que cada artista en particular plantee.

Las actuaciones artísticas de diferente naturaleza son pensadas y creadas para el entorno en el que se ubican. Esta condición de la obra, le otorga un carácter específico, fundiéndose con el espacio y por lo tanto, todo su valor depende del entorno que le rodea y sus circunstancias. Este hecho implica que los proyectos se fusionen con el contexto, su historia y su tradición, en definitiva, con sus realidades.

 

(Publicado en EACC

 

 

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